La nieve llegaba a la mitad de su puerta.
No me gusta salir, me decía,
me gusta escribirte cartas, me decía,
es lo único que me gusta, escribirte cartas, me decía.
Y me las enviaba
y eran tantas, son tantas.
Leo al azar algunas, de vez en cuando,
después las quemo.
Me gusta ver el humo llevándose
palabras, puntos y comas, algunos dibujitos.
Después pienso en ella, en la nieve, en las cartas sin leer.
Ahora el olor a café ocupa todo mi espacio, todo,
no hay lugar,
al menos por hoy,
para cartas, palabras, puntos, comas, dibujitos.
Hace 3 años.
buenísimo este poema, me encanta.
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